Consejos básicos para afrontar un divorcio con hijos

Consejos para afrontar divorcio con hijos

Ponte en su piel. Casi de un día para otro, esa persona que te iba a buscar al colegio deja de hacerlo. Tampoco está en casa, y es quien te enseñaba tantas cosas… no solo te ayudaba con los deberes, sino que también jugaba contigo, despertaba tu curiosidad y respondía a las muchas preguntas que te haces cada día. Te daba cariño, te protegía, y podías recurrir a ella en cualquier momento.

Pero no solo eso, en casa la situación también es rara. Hay tristeza en el ambiente, llamadas que cambian el rostro a ese adulto que ahora cuida de ti en soledad. Nervios, gritos, prisas. Preocupación. Todo ello, lógicamente, te afecta. Y lo hace durante todo el día, en clase, en el deporte extraescolar, incluso jugando con tus amigos. Puede ser que la situación te llene de ira, no comprendas por qué, y tu carácter se vuelva irascible. Puede ser que en cambio decidas no hablar con nadie, ser tímido e introvertido. O puede ser que no cambie nada y tu comportamiento sea el mismo que siempre, quién sabe.

Acostumbramos a pensar en el divorcio como una situación entre dos partes. Pero no debemos olvidar que, cuando hay hijos comunes de por medio, la ruptura matrimonial se debe afrontar si cabe con mayor responsabilidad para proteger a esos menores, velar por su interés, y asegurarse de que la situación en la pareja no afectará negativamente a su crecimiento. ¿Cómo conseguir eso?

El bienestar de los pequeños pasa, en caso de ruptura, por el buen entendimiento entre sus progenitores. Y sí, es algo simple de decir, pero complejo de llevar a la práctica porque las relaciones personales están lejos de ser ideales. Pero a pesar de todo ello, de todas las culpas, reproches, malos entendimientos o falta de amor que haya, siempre hay que tener presente en un divorcio a los hijos. Porque son la parte más débil, la que además en el caso de ser preadolescentes ni siquiera consigue alzar su voz para defenderse.

Tres puntos a tener en cuenta

Los abogados de divorcios recomiendan siempre la negociación, más aún cuando hay hijos comunes de por medio. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2016 más de la mitad de los divorcios se produjeron con hijos dependientes (todos los menores de edad, y aquellos mayores que económicamente dependan de sus progenitores). De un total de 96.824 divorcios en España, 45.882 parejas tenían solo hijos menores, 4.449 parejas con solo hijos mayores dependientes, y 4.967 con ambos -menores y mayores dependientes. En 41.526 casos no había hijos en común. Una tendencia que se mantiene similar si nos remontamos a otros años atrás.

Esos números nos dicen que en el 57% de los divorcios en España (en 2016) hubo hijos involucrados en esa ruptura.

Hay varios puntos que hay que tener en cuenta, o varios consejos que podemos asumir para intentar hacer que los hijos involucrados no se vean demasiado afectados. El primero como hemos dicho es el de la vía de divorcio. El segundo es el tema de la custodia. Y por último, si se opta por la ruptura contenciosa, el tratar de no llevar a los menores ante el juez.

La vía del mutuo acuerdo, la mejor opción

Que los progenitores mantengan una buena relación entre ellos va a suponer una inyección de ánimo para los hijos en común. En el relato que hacíamos al principio de este texto (que no suene a exageración, porque la realidad siempre supera a la ficción) decíamos cómo un menor nota la ausencia de uno de sus progenitores. Y cómo el ambiente se enturbia, se enrarece, y se crispa.

Todas las soluciones encaminadas a que los pequeños no tengan esa sensación será bien recibida. Si la buena relación lo permite, y aunque no exista convivencia entre las partes, es importante mantener las rutinas durante el tiempo que dure el procedimiento de ruptura. Por ejemplo, si la madre lleva al pequeño al colegio y el padre le recoge, siga esa costumbre a pesar de la demanda de divorcio. Y eso, extrapolado al resto del día a día.

El hecho de acudir a la vía del mutuo acuerdo también supondrá evitar iniciar un procedimiento judicial farragoso donde el menor se va a ver salpicado. Y si existe esa cordialidad entre las partes también se van a evitar medidas cautelares emitidas por un tribunal encaminadas a proteger al menor, porque ese pequeño no se va a ver amenazado.

Además, si existe ese respeto entre las partes, los progenitores van a poder explicar qué ocurre a sus hijos sin recurrir a discursos de odio o de venganza. Se recomienda dialogar con los hijos, contarles la nueva situación entre sus padres y los motivos que han llevado hasta allí. Y sobre todo es fundamental que los hijos perciban el amor de sus progenitores para que no sientan miedo ni inseguridad. Además, deben comprometerse a enseñar a los pequeños a gestionar sus emociones.

También hay que atender a la edad de los hijos, ya que no es igual un bebé de un año, que un menor de siete, una adolescente de 13 o una de 19 años. Hay que saber adaptar el discurso a cada franja de edad y, cuando ya son capaces de emitir sus propios juicios, escuchar sus argumentos y tenerlos en cuenta.

¿Qué tipo de custodia es mejor para los hijos?

Sin duda, la custodia compartida es la opción recomendada por los abogados especialistas en Derecho de Familia. Y la jurisprudencia cada vez avanza más en este sentido: aumentan año tras año las rupturas con custodia compartida, y en varias Comunidades Autónomas ya es la opción principal para los juzgados -Aragón, Cataluña, Navarra, Comunidad Valencia, Euskadi y en el resto se camina en esa dirección-.

La custodia compartida implica que ambos progenitores mantienen la guarda y custodia de sus hijos y dedican a ellos un tiempo similar (que no tiene que ser exactamente al cincuenta por ciento). Eso conlleva vivir cerca el uno del otro y, otra cosa fundamental, que el pequeño pueda mantener sus rutinas como antes de la disolución matrimonial.

En estos casos normalmente no existe pensión alimenticia de una parte para otra ya que ambas responden por igual a los gastos de comida, sanidad, educación y vestimenta. En ocasiones sí que puede existir una pensión de alimentos en favor de los hijos si hay una gran diferencia de ingresos entre ambos progenitores.

Puede suceder que la custodia compartida no es posible porque el juez entiende que no se dan las circunstancias necesarias para implantarla. Ya que es su Señoría quien estudia los informes psicológicos, las opiniones de las partes implicadas, y decreta el tipo de custodia (puede decretar tenencia compartido incluso si los progenitores no están de acuerdo), en última instancia será esta autoridad quien una vez examinada la situación opte por esta vía, o en cambio asigne la custodia a uno de los progenitores estableciendo un régimen de visitas y una pensión alimenticia.

Para los casos más extremos, se habilita un Punto de Encuentro Familiar donde llevar y recoger a los niños, o incluso prohibir al progenitor no custodio salir de este espacio vigilado con su hijo.

Siempre hay que tener presente que el juez protege el interés del menor, por lo que su decisión irá encaminada a velar por los hijos dependientes.

No hacer del hijo un arma en los juzgados

Si no se consigue una vía conciliadora y finalmente se acude al procedimiento contencioso, también hay consejos que se pueden seguir. El primero es no hacer del hijo un arma arrojadiza contra el ex cónyuge, manipulando su testimonio ante el juez. Parece lógico, pero la experiencia de jueces y abogados indica que esto pasa.

Los abogados de divorcios también piden no llevar a los menores ante el tribunal. Si lo solicita alguna parte, las personas a partir de los 12 años tienen la obligación de acudir a una audiencia o someterse a los test psicológicos, e incluso a partir de los 10 años podrían ser requeridos por los juzgados si así lo solicita alguno de sus progenitores. Se trata de un trago de difícil digestión para el hijo.

Ante cualquier duda sobre cómo defender el interés de un hijo en un proceso de divorcio, confía en un abogado especialista en divorcios que te podrá asesorar, guiarte y protegerte a ti y a tu descendencia a lo largo del tiempo que dure la ruptura matrimonial.

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